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A young woman sitting on a rocky outcrop in the Caldera de Los Marteles in Gran Canaria

Joven mirando al infinito

El silencio es el estado natural de las cosas. Un árbol no hace ruido por sí mismo. El agua en el estanque no hace ruido. El sol sobre el cielo no hace ruido. El viento sólo hace ruido cuando se mueve, no en la quietud. Y a la mente le pasa igual. Sólo hace ruido cuando se mueve, en un constante ir y venir, sin pausa, quietud ni calma. Y nos provoca palabras, la mayor de las veces vacías y huecas, cuyo único propósito es ahuyentar al silencio. Rellenar un momento en el que no nos atrevemos a permanecer a solas con nuestra mente. Por eso si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, mejor no lo digas.

El silencio además nos permite escucharnos a nosotros. El silencio nos permite escuchar a los demás. Si no cesamos en nuestra continua verborrea, no damos espacio  a que nos lleguen nuevas ideas, nuevos pensamientos, nuevas formas de ver la vida. En el silencio encontramos tiempo para la reflexión. El silencio nos permite hallar la sabiduría que todos llevamos dentro.

Por ello aprende a silenciar tu mente. Aprende a silenciar tu imaginación, de la que nacen agobios y frustraciones irreales. Aprende a silenciar los deseos que generan apegos. Aprende a controlar a voluntad tu silencio, y ello te permitirá hallar el ser interno que en ti se desarrolla.

Aprende en el silencio a conocerte más y mejor. Aprende a meditar en silencio